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Colombia. ¿Al filo del caos o de la oportunidad?

A través de la historia podemos comprobar que los inconformes son los que han cambiado el mundo; bienvenidos los inconformes. Cuando los inconformismos se vuelven colectivos se convierten en grandes corrientes de energía que bien canalizadas y bien conducidas, sin duda generan efectos transformadores positivos; pero sí los inconformismos son mal canalizados y mal conducidos, también pueden tener un gran poder destructor. Todos los inconformismos tienen sus propias razones, por lo tanto, hay que profundizar en sus orígenes, sus manifestaciones, sus formas de expresión, sus liderazgos, tendencias y pretensiones dentro del contexto de una sociedad cambiante.

En todas las revoluciones registradas en el transcurso de la historia, los poderes establecidos con el afán de mantener sus privilegios han tratado de ignorarlas, reprimirlas o destruirlas, consiguiendo agudizar las contradicciones hasta llevarlas a estallidos sociales incontrolables con efectos altamente destructores y consecuencias irremediables. Colombia es un país altamente excluyente, con grandes desigualdades sociales y una clase dirigente descaradamente corrupta e incapaz de dirigir el país hacia soluciones concretas.

Las grandes transformaciones que necesitamos han sido aplazadas desde hace muchos años, la clase dirigente perdió legitimidad, el tejido social está roto y las organizaciones sociales que son las células vivas de una sociedad participante y el soporte de la democracia han sido ignoradas, macartizadas, perseguidas, diezmadas, llegando al extremo en algunos casos al asesinato selectivo de sus dirigentes. Sin duda nuestra sociedad necesita transformaciones aceleradas y profundas, por ello es necesario convocar a todos los sectores: económicos, sociales, políticos, culturales para diseñar de forma participativa un nuevo país. La polarización nos ha causado mucho daño, al no permitir generar pensamientos y opciones políticas que avancen hacia la inclusión y la reconciliación.

La mayor fortaleza que tiene nuestro país es la diversidad y es precisamente sobre ella que podemos construir el futuro; el nuevo país tiene que ser multicolor. La reforma tributaria es solo una coyuntura, un florero de Llorente y no podemos distraernos solo en ella; es hora de convocar a toda la nación para dar paso a las grandes transformaciones, para ello se necesita visión de país, inteligencia, humildad y grandeza. Al contrario de lo que muchos piensan, está es la gran oportunidad y en ella los trabajadores tanto urbanos como campesinos, tenemos mucho que aportar.

Adelante, ni un paso atrás, que avance la escuadra que el futuro se abre a nuestros pies.

 

Elaborado por Ricaurte Becerra Parra, dirigente campesino de Santander; la noche del 4 de mayo de 2021, antes que el Presidente reversara algunas pretensiones.